14 7 / 2011
la agencia del horror 1
Hoy pensé el comercial que me va a hacer ganar en Cannes.
Se lo voy a contar al DGC con un acting tan bueno que lo va a hacer levantar el teléfono para llamar a una productora en ese mismo momento.
Ahí está, con su remera trendy y su corte flogger.
-Leo, te quiero contar una ideíta que tengo para el comercial de Arnet-
-Ah. Dale pasá a mi ofi… cómo era tu nombre?-
-Matías-
-Cierto. Es que la agencia está creciendo con mucho power, viste… Pasá, sentate-
Mientras me siento en una de las sillas de acrílico de su oficina le suena el iphone.
-Uh. Bancame un seg. Ya estoy con vos-
Me pongo a mirar la pila de premios que tiene sobre un estante.
Los tiene todos iluminaditos… para estos tipos los premios son como su pija.
-Nah, a ver, osea, yo me imagino algo tipo la campaña de Nike, sí, algo bien 360, muy shocking. Eso sí, no hay un mango eh…-
En una de las paredes de la “ofi” hay un súper placard, preparado para guardar sus abrigos metrosexuales de Bolivia o de Bensimon.
Me pongo a chusmear a ver qué trajo hoy, pero me flashea algo terrible: una mano!
Miro a Leo y veo que me mira fijo. Me hago el boludo y miro para el techo.
-Y sí, que sigan pensando, es así esto. Si quieren finde que se vayan a laburar a un banco-
Mientras habla, camina y se apoya contra una ventanita que da al pasillo, se queda mirando para afuera relojeando la pollera de una minita de cuentas que acaba de entrar vestida como la de Sex and the city.
- Pónganse la camiseta. Qué quieren hacer de su vida? Quieren un león o no?-
Agarro y me apoyo en el respaldo, voy bien atrás para ver mejor.
La mano está quieta y tiene unos moretones grandes, redondos. Miro más atrás, está medio oscuro pero llego a ver unas rastas.
¡Pará! Esas son las rastas del trainee fumeta, el que se fue ayer…
Estoy muy cagado.
Ahí adentro está el fumeta inconciente o algo así.
¿Qué carajo está haciendo este hijo de puta?
-Bueno loco, no sé, a mí lo que me contás no me gusta. Pónganse a laburar, esto es un pitch. El sábado los quiero acá.-
Corta el llamado, me mira y cierra la persiana americana que cubre la ventanita.
-Sorry Mati. Hay cada grasa que no quiere laburar… Espero que vos no termines así-
-No, nada que ver- le digo riéndome nervioso.
-Sí, porque esta profesión es así, viste. Hay que explotar tu creatividad cuando sos pedejo, porque después fuiste, un viejo no sirve para nada.-
-Claro- Le digo.
Agarra uno de los premios del estante, un león de oro, lo apoya sobre el escritorio y le empieza a acariciar la melena de metal suavemente con el dedo índice.
-A mi la verdad que no me gusta la gente grande acá adentro. Por eso hay tantos trainees que se van. No da que se hagan grandes y sigan acá…-
Miro la repisa y me quedo viendo el Clío que está al lado del león que acaba de sacar, está como abollado, roto. Le falta el mundito que sostiene el muñeco.
¡No! ¡La concha de la lora! ¡Los moretones del rasta!
-Bueno, a ver, contame la ideíta.- Me dice.
-Eh…- Me quiero matar.
-La idea es…- me autoconvenzo, junto un poco de valor y le escupo la idea en diez segundos sin acting ni nada.
-...en una oficina, vemos diferentes empleados en situaciones graciosas. Todos están cubiertos por una red, como la de los pescadores. Vemos uno que intenta tomar café a través de la red y se mancha toda la camisa. Vemos una mujer que intenta pasar su brazo a través de la red para atender el teléfono. Vemos otro empleado que está cobrando a un cliente, el dinero no pasa a través de la red y le pide que le pague en monedas…
Cierra una placa que dice: Se te cae la red, se te cae la empresa… Mejor elegí Arnet bla bla bla…-
Me mira descolocado. Agarra el león con tanta fuerza que los dedos se le ponen colorados. Tengo miedo.
-Mirá pibe… Eso ya está hecho-
CONTINUARÁ