15 8 / 2011

suave

  

Otra vez un camarín sin nada para tomar. Le pido a uno de los técnicos que pasa por el pasillo que por favor me consiga una gaseosa. Asiente con la cabeza y sigue camino. Me siento frente al espejo y me hago el peinado perfecto de siempre: el cabello para atrás con gel, menos un único mechón que cae suavemente sobre la frente descontracturándolo todo. Pasan diez minutos y el técnico no viene. Voy en bata al baño y tomo agua de la canilla.

Vuelvo al camarín, me pongo el smoking y hago ejercicios para calentar la voz aprovechando los últimos diez minutos que quedan antes de que empiece el show. Salgo al escenario y los aplausos son escasos, no están ni las chicas de siempre, se nota que es fin de mes, Arranco con “cómo está Argentina esta noche?”para romper el hielo y hago cantar al público la parte de “no culpes a la lluvia” pero no tengo repercusión. Intento hacerlos repetir conmigo unos “aranananaaaa”o mis clásicos “hey, hey” pero la poca gente que hay está mirando el partido de Boca-Gimnasia. Me siento en la banqueta y sigo con los boleros… “cómo imaginar que la vida sigue igual… como si tus pasos ya no cruzan el portal…”. Termino con pocos aplausos.

Me cambio apurado, tengo menos de una hora para llegar a Moreno, me esperan para dar un show en un bat mitzvah. Salgo del bar y hay una tormenta terrible. Mientras corro hacia e l auto se me desliza la funda del smoking de entre las manos cayéndose sobre un charco. 

Entro al auto y estiro el smoking en el asiento del acompañante a ver si se seca un poco durante el viaje. La lluvia no me deja acelerar tanto. Tendría que haber cambiado las gomas de atrás hace un mucho tiempo, están casi lisas. Así que voy por la mano derecha de la autopista para poder frenar mejor.

Llego a Moreno tardísimo y no logro encontrar la calle del club en el que se hace el bat mitzvah. No hay una sola persona en la calle a quien preguntarle. Me doy cuenta que ya pasé dos veces por la misma plaza. En un semáforo para un chico de delivery al lado mío, le pregunto por la calle y me indica.

Llego al club, me recibe la madre de Jennifer, la chica del bat. La fiesta está armada en lo que parece ser una cancha de basket. Hay alrededor de quince mesas con manteles lilas, a tono con el vestido de la homenajeada. La gente está comiendo y Jennifer camina por el salón, sacándose fotos en las diferentes mesas. Está poco arreglada para ser la cumpleañera, tiene bastante sobrepeso, un peinado que ya está venido abajo y no deja de comer chicle con la boca abierta.

No hay lugar para que me cambie así que me mandan al baño de hombres. Es un lugar tan chico que tengo que esperar apoyado contra una pared a que un hombre grande termine de lavarse las manos para poder apoyar el smoking en el lavatorio. El hombre usa bastón, sus movimientos son muy lentos. Al cabo de unos minutos por fin sale. Seco las partes mojadas del smoking en el seca manos, me lo pongo y me dispongo a hacerme mi peinado característico, cuando un grupo de chicos me golpea con un portazo. Entran todos juntos gritando con globos en las manos. Les pido que salgan lo más rápido posible que tengo que dar un show. No me escuchan. Cuando por fin se van, termino de prepararme y empiezo a calentar la voz. El padre de Jennifer entra al toilette para pedirme que por favor empiece el show cuanto antes.

Me anuncian por micrófono y me paro en el medio del salón. No hay efectos de luces, pero me pongo debajo de uno de los reflectores de la cancha. “Cómo está Moreno esta noche?”. Apunto el micrófono hacia el público que no muestra demasiado entusiasmo. “Esta noche es para Jennifer…”. La miro, hace un globo con el chicle y lo revienta rompiendo el silencio. “Y empieza así: Más allá de todo, más allá de ti ya no tengo nada que me pueda hacer vivir… más allá, la nada, sólo quedo yo…”. Después arranco con los hits movidos para animar la fiesta “solo y triste bajo el sol, en la playa busco amor, debe haber un lugar para mí…”. El sonido acopla cada vez que hago un agudo. Termino el tema y la madre de Jennifer me recuerda que no me olvide de subir a su hija al escenario, asiento con la cabeza. “Para este tema quiero una compañía especial… ven Jenny, sube al escenario” la gente aplaude, pero la nena me mira con odio, mira a la madre y sube con desgano. Se sienta en mi banqueta sin ni siquiera mirarme, se saca el chicle de la boca y lo enrolla en su dedo índice. “Hoy, me doy cuenta que te amé, que mi vida la dejé en un sueño que soñé… ayer… ayer…”. Termino el show y algunos me aplauden.

Me cambio y salgo del baño. Una de las tías de Jennifer me está esperando con un plato de niches de papa en la mano. Me dice que pruebe uno, que los hizo ella. Como uno y me cuesta masticarlo, está húmedo. –Muy bueno, señora- le digo. –Me alegro, nene, por qué no venís a la mesa y nos tomamos unos drinks- me dice intentando seducirme. La señora tiene como sesenta años. Pero como no tengo nada mejor que hacer, acepto.

Me siento con la señora, tomo unas copas de sidra, como más niches y algunos boios, que por suerte tienen algo más de sabor. –Ya te dijeron que sos igualito a Luismi, no?- Me pregunta la señora sonriendo. –Sí, algunas veces me lo dijeron… usted me nota parecido?- le pregunto. –Para mí sos igualito… tenés hasta los dientes separaditos como él. Me encanta- Me dice. Por fin alguien que se da cuenta de lo de los dientes. –Lo que más me gustó de tu show fueron los detalles, cuando cantaste El Rey y dijiste “echale!”en el mismo momento que lo dice Luismi casi me muero. No me decís un “echale”al oído?- la señora está bastante borracha. –Señora, me hace sonrojar…- le digo riéndome. –No me digas señora, decime Gladys- ya no sabe cómo insinuarse y me invita a bailar un reggaetón. Acepto y vamos a la pista. Gladys se trastabilla con cada paso latino que intenta hacer y la familia la mira con desprecio. También me miran a mí. Pobre señora.

-Gladys, por qué no vamos para su casa? Me parece que va a ser lo mejor…- le digo intentando resguardarla de un papelón. –Yo me quiero ir a tu casa, mi amor- me dice. Me quedo pensándolo. Después de todo, no estaría tan mal que la señora Gladys venga a casa…

Gladys se tropieza con la alfombra que hay frente a la puerta de mi departamento y se cae redonda al suelo. La levanto como puedo, ella dice que está bien, que no le duele nada. Entramos y se desploma en el sofá, quedándose dormida. Pobre señora Gladys. Voy a la cocina y agarro un poco de alpiste para darle de comer a Manzanero. Parece que está dormido pero no se sabe, hace tiempo que anda deprimido y ni canta. Voy al baño, me saco el aplique del pelo y lo peino un poco para que no le quede gel. Después me despego la prótesis con las paletas separadas y la pongo en remojo en un vaso con enjuague bucal. Se me terminó el desmaquillante, así que me lavo ien la cara para sacarme la base con efecto bronceado, sin desmaquillante siempre dejo un poco de pintura en la toalla…

Vuelvo al sofá y Gladys sigue en la misma posición que antes. Le saco los zapatos, la acuesto y le apago la luz para que duerma mejor. Me voy a mi pieza y me pongo el pijama, afuera se escucha la lluvia que pega sobre el piso de mi balcón. Me pongo a pensar en el día de hoy y me duermo sin darme cuenta.

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