15 8 / 2011
suave
Otra vez un camarín sin nada para tomar. Le pido a uno de los técnicos que pasa por el pasillo que por favor me consiga una gaseosa. Asiente con la cabeza y sigue camino. Me siento frente al espejo y me hago el peinado perfecto de siempre: el cabello para atrás con gel, menos un único mechón que cae suavemente sobre la frente descontracturándolo todo. Pasan diez minutos y el técnico no viene. Voy en bata al baño y tomo agua de la canilla.
Vuelvo al camarín, me pongo el smoking y hago ejercicios para calentar la voz aprovechando los últimos diez minutos que quedan antes de que empiece el show. Salgo al escenario y los aplausos son escasos, no están ni las chicas de siempre, se nota que es fin de mes, Arranco con “cómo está Argentina esta noche?”para romper el hielo y hago cantar al público la parte de “no culpes a la lluvia” pero no tengo repercusión. Intento hacerlos repetir conmigo unos “aranananaaaa”o mis clásicos “hey, hey” pero la poca gente que hay está mirando el partido de Boca-Gimnasia. Me siento en la banqueta y sigo con los boleros… “cómo imaginar que la vida sigue igual… como si tus pasos ya no cruzan el portal…”. Termino con pocos aplausos.
Me cambio apurado, tengo menos de una hora para llegar a Moreno, me esperan para dar un show en un bat mitzvah. Salgo del bar y hay una tormenta terrible. Mientras corro hacia e l auto se me desliza la funda del smoking de entre las manos cayéndose sobre un charco.
Entro al auto y estiro el smoking en el asiento del acompañante a ver si se seca un poco durante el viaje. La lluvia no me deja acelerar tanto. Tendría que haber cambiado las gomas de atrás hace un mucho tiempo, están casi lisas. Así que voy por la mano derecha de la autopista para poder frenar mejor.
Llego a Moreno tardísimo y no logro encontrar la calle del club en el que se hace el bat mitzvah. No hay una sola persona en la calle a quien preguntarle. Me doy cuenta que ya pasé dos veces por la misma plaza. En un semáforo para un chico de delivery al lado mío, le pregunto por la calle y me indica.
Llego al club, me recibe la madre de Jennifer, la chica del bat. La fiesta está armada en lo que parece ser una cancha de basket. Hay alrededor de quince mesas con manteles lilas, a tono con el vestido de la homenajeada. La gente está comiendo y Jennifer camina por el salón, sacándose fotos en las diferentes mesas. Está poco arreglada para ser la cumpleañera, tiene bastante sobrepeso, un peinado que ya está venido abajo y no deja de comer chicle con la boca abierta.
No hay lugar para que me cambie así que me mandan al baño de hombres. Es un lugar tan chico que tengo que esperar apoyado contra una pared a que un hombre grande termine de lavarse las manos para poder apoyar el smoking en el lavatorio. El hombre usa bastón, sus movimientos son muy lentos. Al cabo de unos minutos por fin sale. Seco las partes mojadas del smoking en el seca manos, me lo pongo y me dispongo a hacerme mi peinado característico, cuando un grupo de chicos me golpea con un portazo. Entran todos juntos gritando con globos en las manos. Les pido que salgan lo más rápido posible que tengo que dar un show. No me escuchan. Cuando por fin se van, termino de prepararme y empiezo a calentar la voz. El padre de Jennifer entra al toilette para pedirme que por favor empiece el show cuanto antes.
Me anuncian por micrófono y me paro en el medio del salón. No hay efectos de luces, pero me pongo debajo de uno de los reflectores de la cancha. “Cómo está Moreno esta noche?”. Apunto el micrófono hacia el público que no muestra demasiado entusiasmo. “Esta noche es para Jennifer…”. La miro, hace un globo con el chicle y lo revienta rompiendo el silencio. “Y empieza así: Más allá de todo, más allá de ti ya no tengo nada que me pueda hacer vivir… más allá, la nada, sólo quedo yo…”. Después arranco con los hits movidos para animar la fiesta “solo y triste bajo el sol, en la playa busco amor, debe haber un lugar para mí…”. El sonido acopla cada vez que hago un agudo. Termino el tema y la madre de Jennifer me recuerda que no me olvide de subir a su hija al escenario, asiento con la cabeza. “Para este tema quiero una compañía especial… ven Jenny, sube al escenario” la gente aplaude, pero la nena me mira con odio, mira a la madre y sube con desgano. Se sienta en mi banqueta sin ni siquiera mirarme, se saca el chicle de la boca y lo enrolla en su dedo índice. “Hoy, me doy cuenta que te amé, que mi vida la dejé en un sueño que soñé… ayer… ayer…”. Termino el show y algunos me aplauden.
Me cambio y salgo del baño. Una de las tías de Jennifer me está esperando con un plato de niches de papa en la mano. Me dice que pruebe uno, que los hizo ella. Como uno y me cuesta masticarlo, está húmedo. –Muy bueno, señora- le digo. –Me alegro, nene, por qué no venís a la mesa y nos tomamos unos drinks- me dice intentando seducirme. La señora tiene como sesenta años. Pero como no tengo nada mejor que hacer, acepto.
Me siento con la señora, tomo unas copas de sidra, como más niches y algunos boios, que por suerte tienen algo más de sabor. –Ya te dijeron que sos igualito a Luismi, no?- Me pregunta la señora sonriendo. –Sí, algunas veces me lo dijeron… usted me nota parecido?- le pregunto. –Para mí sos igualito… tenés hasta los dientes separaditos como él. Me encanta- Me dice. Por fin alguien que se da cuenta de lo de los dientes. –Lo que más me gustó de tu show fueron los detalles, cuando cantaste El Rey y dijiste “echale!”en el mismo momento que lo dice Luismi casi me muero. No me decís un “echale”al oído?- la señora está bastante borracha. –Señora, me hace sonrojar…- le digo riéndome. –No me digas señora, decime Gladys- ya no sabe cómo insinuarse y me invita a bailar un reggaetón. Acepto y vamos a la pista. Gladys se trastabilla con cada paso latino que intenta hacer y la familia la mira con desprecio. También me miran a mí. Pobre señora.
-Gladys, por qué no vamos para su casa? Me parece que va a ser lo mejor…- le digo intentando resguardarla de un papelón. –Yo me quiero ir a tu casa, mi amor- me dice. Me quedo pensándolo. Después de todo, no estaría tan mal que la señora Gladys venga a casa…
Gladys se tropieza con la alfombra que hay frente a la puerta de mi departamento y se cae redonda al suelo. La levanto como puedo, ella dice que está bien, que no le duele nada. Entramos y se desploma en el sofá, quedándose dormida. Pobre señora Gladys. Voy a la cocina y agarro un poco de alpiste para darle de comer a Manzanero. Parece que está dormido pero no se sabe, hace tiempo que anda deprimido y ni canta. Voy al baño, me saco el aplique del pelo y lo peino un poco para que no le quede gel. Después me despego la prótesis con las paletas separadas y la pongo en remojo en un vaso con enjuague bucal. Se me terminó el desmaquillante, así que me lavo ien la cara para sacarme la base con efecto bronceado, sin desmaquillante siempre dejo un poco de pintura en la toalla…
Vuelvo al sofá y Gladys sigue en la misma posición que antes. Le saco los zapatos, la acuesto y le apago la luz para que duerma mejor. Me voy a mi pieza y me pongo el pijama, afuera se escucha la lluvia que pega sobre el piso de mi balcón. Me pongo a pensar en el día de hoy y me duermo sin darme cuenta.
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15 8 / 2011
nada
Extrañaba el recorrido que tienen que hacer los dedos en una máquina de escribir…
No se compara ni en sueños al escribir en un teclado moderno de computadora.
En una máquina de escribir hay que ponerle fuerza a cada letra, hace falta coraje y el esfuerzo de tus dedos vale la pena cuando ves cada palabra en el papel.
Por eso me compré una Olivetti cromada. ¡Parece nueva!
Y las teclas me encantaron, me inspiraron, tanto que sentí ganas de escribir historias, de contar cuentos, sólo para escucharlas hacer ese sonido increíble. Pero no pude.
Me comí una S y acabó mi cuento. No podía continuar.
Llamé al local en donde había comprado la Olivetti para que me arreglen el tema, pero no atendieron el teléfono. Qué raro, deberían atender.
Fui.
Cuando llegué a la cuadra del local me extrañé porque no lo encontraba por ningún lado.
Era la cuadra, la memoria no me falla. Pero el local no aparecía.
Volví a recorrer la cuadra una y otra vez.
Era ahí, enfrente mío.
Pero no había nada. Ni un local abierto, ni un local cerrado.
No podría llamarlo agujero, era… nada.
Y yo la verdad que no quería abandonar a mi Olivetti cromada que tanta felicidad me iba a dar.
Me animé y entré a la nada.
Fue muy raro. La luz del día cambió a un negro profundo.
Fue como entrar a otra realidad, a un vortex.
Hablaba y la voz no abandonaba mi boca.
La nada que tragaba la luz también tragaba la voz.
Hola, quiero una tecla…
Nada.
Decidí irme. Tampoco podía.
Ya me había olvidado por qué lado era que había entrado.
Caminé mucho. Como un kilómetro. Y nada. Todo negro.
Completamente perdida, iba imaginándome cada tecla de la Olivetti… q… w… e… r…
Pero claro, había una tecla que no me podía imaginar.
Era como la nada en donde me encontraba. Una nada hecha tecla.
Y de un momento a otro, me invadió la luz.
Me cegó. Me di cuenta que me encontraba afuera porque volví a oír la calle y de a poco volví a ver.
Ya no había má qué hacer. E to no tenía olución.
Me volví a mi departamento a tomarme un té de boldo porque la tecla que me comí me cayó ba tante mal.
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15 8 / 2011
Reflejo
Amanece debajo del puente de Zárate Brazo Largo.
Es invierno, una fina capa de escarcha cubre el pasto seco por el frío.
No se escucha nada. Sólo el eco de los camiones cruzando el puente, a lo lejos.
Desde ahí hasta donde no se llega a ver por la bruma, se extiende el camping Los Zorzales.
Un par de pies que llevan puestas botas de lluvia pisan el pasto dejando su huella en la escarcha.
Los pies con las botas se dirigen a un sector oscuro del camping, cubierto por una capa densa de árboles que casi no dejan pasar el sol.
En ese sector hay cuatro jaulas oxidadas y en cada una, una especie diferente.
Un león, una cabra, cuatro patos, un tucán. Todos duermen.
Es como un arca de Noé. Naufragada.
El tucán se despierta. Revuelve en vano con el pico despintado su comida congelada por la escarcha.
Por entre los barrotes esboza unos sonidos. Hola, dice. Hola.
Y ese saludo rompe el silencio mortuorio del camping.
*******
El Scania de Juanca hoy no quiere arrancar. Lo paró anoche en una Shell y parece que el frío lo afectó.
Es el burro. Está pesado y se chupa toda la corriente para dar vueltas, entonces la chispa es muy chica.
La última vez lo único que funcionó fue que lo empujara el Cholo con su camión y tener el pie en el acelerador por lo menos durante diez minutos para que el burro subiera su temperatura.
No queda otra que pedirle el favor al Cholo.
Entra al bar del parador y se lo banca en un monólogo de diez minutos hasta que por fin consigue que salga y que ponga en marcha el camión.
El Cholo lo empuja. Juanca acelera. El Scania arranca y sale a la ruta.
Juanca se da cuenta que se está meando de nuevo.
El dolor de próstata lo saluda.
Pero no puede soltar el acelerador. No puede por lo menos durante diez minutos más. Si no se va a quedar parado en la ruta y sin el Cholo no va a conseguir nadie que lo empuje…
¿Qué hace?
Sintoniza una cumbia para tratar de olvidarse, pero cada repique del timbal es un repique de dolor, no aguanta ni a que llegue el estribillo.
Y el dolor sigue el ritmo, cada vez más arriba, cada vez más cumbiero.
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15 8 / 2011
evangelio
A las nueve de la noche terminó la Cadena de la Prosperidad, como todos los lunes.
Fue una celebración intensa y como Dios me eligió para mejorar mi vida económica, me hicieron pasar a dar mi testimonio.
Los fieles me aplaudieron y me pidieron consejo. Yo me emocioné.
A la salida todos me saludaron, me abrazaron y felicitaron por los logros.
Hasta el pastor Rodríguez me estrechó la mano y me preguntó si iba a asistir a la Cadena de la Sanidad. Le dije que sí y me fui volando a abrir el kiosco, no podía desaprovechar esa multitud.
Levanté la cortina rapidísimo y no terminé de prender las luces que ya estaba lleno de gente pidiéndome chicles, cigarrillos y gaseosas.
Los atendí a toda marcha, estaba realmente agotado, pero al trabajo hay que aprovecharlo.
Desde que me pusieron el sticker en la puerta que dice “Este comercio es parte de la Iglesia del Señor” que las ventas se duplicaron porque cada vez que termina una celebración, los fieles elijen mi kiosco antes que los demás de la cuadra. Y esa ayuda yo se la retribuyo al señor todos los meses.
Cuando por fin pude cerrar el kiosco me fui para casa.
Caminé unos metros a oscuras por el paliere hasta llegar a la perilla de la luz. Y mientras caminaba, me pareció ver una silueta de alguien escondido atrás de uno de los Ficus.
Me quedé quieto. Y la persona se quedó quieta también.
Caminé hasta la perilla de luz a toda velocidad y mientras la presionaba vi salir a mi vecino de atrás del Ficus. Fue casi corriendo hasta la puerta de su departamento.
-Hola!- le dije.
Pero no se dio vuelta. Abrió su puerta y entró cerrándola con un portazo.
Qué raro era ese hombre, ahora no sólo me molestaba con ruidos a cualquier hora de la noche, sino que además se escondía de mí.
Mientras buscaba las llaves en mi bolsillo miré al suelo y noté unas manchas, un goteo de sangre que iba desde el Ficus hasta la puerta del departamento de mi vecino.
Estaba sangrando.
Ahora más que nunca sabía que ese hombre estaba muy lejos de la senda del señor.
Al día siguiente me levanté temprano y mientras me cambiaba escuché una parte del programa del pastor Minetti en la FM de la iglesia. Estaban todos llamando y pidiendo por una mujer que tenía una enfermedad terminal.
La iban a llevar a la celebración de hoy, así que me dio ganas de ir porque yo tengo un sentido especial con estas cosas, me doy cuenta cuando la gente sufre.
El programa seguía, pero me tuve que ir rápido porque a primera hora llegaba el del reparto de Arcor.
Llegué, abrí la cortina y mientras sintonizaba la radio para seguir escuchando el programa, llegó el repartidor.
Siempre tenía problemas con ese hombre porque me cambiaba los pedidos.
Y esta vez no fue una excepción, le había pedido una caja de alfajores Bon o Bon, y me trajo una caja de Tokke.
Nadie lleva Tokke.
Dijo que yo le había hecho el pedido así.
Me lo hace a propósito, quiere sabotearme el negocio.
Estoy seguro que le da una propina el del kiosco de mitad de cuadra para que haga eso así la gente le compra los alfajores a él…
Le acepté los Tokke y le dije que la próxima tenga más cuidado.
Lo perdoné, pecar es humano.
Fue un día tranquilo, con trabajo, pero tranquilo.
Más o menos a las siete de la tarde, cuando estaba por cerrar para irme al templo, me llamó la atención alguien con una campera azul que ya había pasado varias veces por la vereda de enfrente.
Miré bien y lo reconocí. Era mi vecino.
¿Qué quería?
Salí del negocio para hablarle, pero dio vuelta a la esquina a toda velocidad y lo perdí de vista.
Cerré la cortina rápidamente y me fui para el templo todavía pensando en el asunto.
A la celebración no fue mucha gente, así que todos pudimos tocar el manto de la curación.
A la salida el pastor Rodríguez me saludó fervientemente y me felicitó por mi concurrencia.
Decidí no abrir el kiosco porque ya era tarde y no iba a vender demasiado.
Me fui para casa.
Crucé el paliere a oscuras como siempre, esta vez prestando especial atención a cada uno de los Ficus.
Pero no, mi vecino no estaba escondido detrás de ninguno.
Entré a mi departamento y mientras descongelaba unos bifecitos en el microondas empecé a escuchar ruidos.
El sonido del microondas no me dejaba distinguir bien de qué se trataba.
Lo apagué.
Venían del departamento de mi vecino, y no me extrañaba, varias veces me había despertado a cualquier hora de la noche.
Eran ruidos fuertes, como de un taladro, un gran taladro.
No entendía en qué andaba éste hombre, pero no me gustaba nada.
No tenía una buena sensación. No era alguien de fe.
Prendí el microondas y seguí descongelando la carne.
Cuando terminé de cenar, lavé mi plato y saqué la basura antes de que pasen los basureros.
Me quedé dormido mirando el canal de María, había un pastor de otra iglesia que hizo unas lecturas de la palabra realmente hermosas.
Al día siguiente me levante con mucha energía. Estaba contento. Era un buen día.
Cuando salí para ir al trabajo, abrí mi puerta y choqué con una bolsa de basura, desparramando residuos por todo el pasillo.
Era mi bolsa, la que yo había sacado ayer.
Alguien la había entrado y la había puesto frente a la puerta.
Tenía que ser mi vecino.
¿Qué tramaba? Me enojaba mucho su actitud, es difícil perdonar a gente con tan poca espiritualidad…
El día en el kiosco se me estaba pasando bastante rápido hasta que llegó un contingente de niños a la iglesia, les habían preparado una celebración especial, y cuando terminó vinieron todos corriendo a comprar golosinas.
Los atendí con mucha cordialidad, por más que fueran niños traviesos, eran niños creyentes. Y eso es importante.
Mientras uno de los niños se decidía si quería llevar chicles o caramelos levanté la mirada para atender a otro cliente que acababa de entrar.
Me quedé estupefacto. Era mi vecino.
-Un… Lucky diez…- Me dijo con la voz entrecortada, sin mirarme a los ojos.
Lo observé fijamente por varios segundos, no podía dejar de mirar su rostro, estaba todo golpeado.
Tenía hematomas alrededor de los ojos, cortaduras en los pómulos, los labios, las orejas… le habían dado una golpiza importante.
Le di los cigarrillos, me pagó justo y se fue corriendo, sin mirarme.
Estaba preocupado, asustado.
¿Lo mandarían los de los demás kioscos de la cuadra a él también?
Tenía la conciencia sucia, eso estaba claro.
Pasó la tarde, en la radio estaban diciendo que hoy era la celebración de la Unión de las Familias. Y yo no tenía familia para celebrar. Eso me hacía sentir bastante mal.
Mientras escuchaba al pastor Moura la transmisión se cortó.
Se oyó un ruido de estática rarísimo y de pronto, una voz de un hombre dijo “ya está por cerrar”.
Luego se oyó otro ruido de estática todavía mayor y volvió la transmisión con el pastor Moura que hablaba como si nada.
¿Qué estaba pasando?
Yo estaba por cerrar… Tenían que estar hablando de mí.
Alguien me había puesto un micrófono.
No tenía ningún destornillador para abrir la radio, así que la desenchufé y la tiré al suelo, destrozándola.
Lo había confirmado. Mi vecino me estaba espiando.
Me quedé preocupado por el complot en contra de mi negocio y no fui al templo. Me volví a casa.
Cuando estaba por entrar a mi departamento me pareció ver un reflejo a través de la puerta de vidrio, no le presté atención, pero enseguida vi otro.
Eran flashes.
Me acerqué a la puerta y sin abrirla vi que alguien en la vereda de enfrente se iba caminando rápidamente.
Me había estado sacando fotos.
Entré a casa y cerré la puerta con dos vueltas de llave.
Pensé por un momento en llamar a la policía. Pero ya sabía de qué se trataba esto…
La solución era evangelizar a mi vecino.
Pero primero necesitaba calmarme.
Agarré un vaso y fui hasta la heladera para servirme agua.
De repente, el vaso se me soltó de la mano y cayó al suelo.
Me quedé anonadado con lo lejos que podía llegar esta gente.
Había un pájaro muerto en mi heladera.
Un pájaro amarillo, con el cuello quebrado.
Me quedé allí parado unos minutos, sin poder recuperarme.
Hasta que por fin junté toda la fuerza del Señor, agarré la Biblia y fui al departamento de mi vecino.
Tenía que terminar este asunto.
Le toqué el timbre una vez, dos… y la puerta se abrió tímidamente, vi la cara de mi vecino asomarse por la rendija, seguía golpeado, hasta me animo a decir que todavía más golpeado que antes.
A penas me reconoció, cerró la puerta con fuerza. Y escuché cómo daba varias vueltas a la llave trabándola.
Volví a insistir con el timbre. Varias veces.
Escuché que desde adentro me gritó algo.
No le entendí.
-¿Qué? Le dije.
-Que por favor me deje tranquilo. Por favor!- Me dijo entre sollozos.
-No te voy a hacer nada, sólo vengo a contarte que te podés salvar, si dejás que el Señor entre a tu vida te podés salvar y podés ser feliz. No hace falta que pases por este sufrimiento…-
Volví a escuchar el taladro de la otra noche, más y más fuerte.
Me dio miedo de que se quite la vida, ese hombre estaba realmente angustiado.
Clavé el dedo en el timbre, sin dejar de tocarlo, de pronto escuché un ruido como de un interruptor, y el timbre dejó de sonar súbitamente.
Miré por su cerradura, el departamento estaba totalmente a oscuras.
Había cortado la luz.
-Por favor, recibime, te quiero ayudar a salir del sufrimiento.- Le dije.
Y empecé a golpear su puerta con la mano, cada vez más fuerte.
Hasta que me detuve.
Sentía un dolor muy fuerte en los nudillos.
Me miré y me vi algunos moretones.
Pero… antes no los tenía!
¿Qué me estaban haciendo?
Me fui corriendo a mi departamento, cerré con llave y me puse a leer la Biblia.
Con el correr de las horas lo fui aceptando, si tenía que morir, moriría. Después de todo, Jesús murió por nosotros…
15 8 / 2011
el golpe
Cuando cumplí dieciocho me dediqué a la misma profesión que tuvo mi papá en los sesentas.
Todavía le quedaban un par de contactos y me metió.
Soy el “che pibe” de Churruca y me encargo de servir café, de atender el teléfono, y algunas veces paso mensajes.
Desde que entré me enseñaron muchos códigos.
Aprendí, por ejemplo, que si alguien cuenta las internas de alguna movida, se amenaza a su familia o a sus seres más queridos.
Aprendí que para crecer hay que transar con los que haga falta aunque no compartas su forma de pensar.
Aprendí los insultos más intimidantes y muchas formas de robar, algunas que nunca hubiera ni siqueira imaginado.
Pero lo que mejor aprendí, es que una vez que entraste, no salís así como así…
Hoy están todos nerviosos, se respira un aire denso. Se viene algo grande.
Estoy desde las siete de la mañana sirviendo café y atendiendo el teléfono.
A primera hora llegaron dos medias reses y tres parrilleros para encargarse del asado que va a alimentar a cincuenta personas.
De a poco van llegando a ocupar sus lugares en la mesa larguísima que armamos ayer en el patio.
Todos están en traje, trajeron a sus esposas e hijos, por eso instalamos un inflable para entretener a los nenes.
Parecen familias unidas, pero eso es sólo por hoy.
Churruca y los capos me mandaron a mí y a dos pibes más a mirar mal a la familia de Gutierrez, parece que se mandó una pero no está confirmado.
Por las dudas quieren intimidarlo un poco.
Gutierrez ya sabe de qué se trata esto, no es ningún novato. Está asustado, me doy cuenta. Pero tengo que seguir órdenes.
Me hicieron prender todas las teles del lugar, las que siempre usan para mirar fútbol.
Antes de empezar a comer el asado todos aplauden fervientemente a Churruca que sonríe de pie en la cabecera de la mesa.
Pero no lo aplauden porque realmente le quieran desear suerte, lo aplauden porque si la movida sale bien, todos van a estar enganchados y van a ganar mucha guita.
Y yo también lo aplaudí, porque puedo dejar de ser un “che pibe”, si todo sale bien puedo safar de que me pase lo que le pasó a mi viejo.
Cuando terminan de comer se hace la hora y todos se paran frente a los televisores.
Me hicieron sintonizarlos en el canal de las noticias.
Un grito de festejo invade el lugar. La movida tuvo éxito.
Esteban Churruca acaba de ser electo intendente del partido de La Matanza.
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15 8 / 2011
Solarium
SOLARIUM
Ella es una de esas minas que, todo bien con lo del cáncer de piel, es un bajón ya lo sabe, pero no se puede bancar estar todo el invierno con ese color de mierda, con la cara medio verdosa… es lo menos.
Así que se fue con Lola al solarium de ahí de Ciudad de la Paz.
Ella también quería tostarse porque tenía el casamiento de su prima Marcela y quería usar un strapless blanco que si no estás bronceada te queda una gronchada…
Entraron y estaba Tony, con su tono naranja, en musculosa con todos los músculos a pleno, debía estar tomando queratina, porque tenía todo súper tonificado. Estaba bueno, le cabía. Pero le parecía que tenía onda con Lola porque siempre que iban se colgaban hablando como tres horas.
Y así pasó, osea, entraron y el chabón ni la registró, fue directo con Lola… que contame qué te vas a poner para el casamiento… que si es strapless entonces te conviene tomar sol sin corpiño vamos que te acompaño… bla bla bla.
Así que se puso el ipod a pleno y le pidió a otra mina que laburaba ahí que le prepare una cama cuerpo entero. Le dio volumen a todos los temas de reggaeton que e había cargado y e quedó ahí tranqui medio bailoteando aunque no había nada de espacio en esas camas… le hacía acordar a esa vez que le hicieron una tomografía computada, pero el solarium le gustaba más porque de última era para estar más linda.
Cuando estaba escuchando el tema que le re cabía de La Factoría, escuchó como un gritito, y eso que el chabón que cantaba tiraba agudos sarpados, pero no, era un grito de mina. Se hizo la boluda porque seguro que era Lola que andaba haciéndose la linda con Tony y la verdad no le daba interrumpir… osea si querían histeriquear todo bien pero no le daba estar en el medio.
Nada. Siguió con su ipod y cambió de onda… tiró algo más tranquilo, un Kevin Johansen para irse relajando porque seguro ya le deberían estar por ir a apagar la cama.
De pronto, como que le pareció ver un destello de luz… no sabía. Por las dudas cerró los ojos y se tapó la cara, porque si la cama andaba mal de última prefería que se le queme otra parte, pero la cara era su fuerte. De pronto, otro destello de luz más. Agarró y empezó a gritar que le vayan a apagar la cama que se iba a terminar quemando mal. Nada, no apareció nadie. Apagó el ipod y escuchó tipo pasos. Algo así… seguro deberían ser los pasos de la otra minita que laburaba ahí que era como nueva, seguro se había ido a buscar a Tony que andaba con Lola. Pensó que ojalá no se hubieran ido lejos porque osea, se iba a quemar toda!
-Ayudaaaaaaa- Gritó. Pero nada. Ya ni los pasos escuchaba.
-SOS!!!-Volvió a gritar. No pensaba volver más a este solarium de cuarta.
Sintió así de pronto cómo se apagaba la cama. Pero no le abrían la puerta.
-Abrime, chiquita…- Le dijo a la piba que estaba en cualquiera.
-Me estoy por poner histérica, te aviso, dale abrimeeeeeeeeeeeeeeeeeee!- Se puso a gritar como una loca y empezó a golpear con la palma de la mano para que le abran.
Nada, un horror. Osea pasaron como cuarenta minutos. Lo vio en su ipod. Encima había dejado el celular afuera en el bolso. En un momento hasta como que le tembló la cama mal, el subte hacía temblar un touch el piso pero eso era mucho y creyó que pasó algo tipo un terremoto… No sabía qué habían hecho esos gronchos pero ella ya estaba indignada.
De pronto le abrieron la tapa de la cama. Ufff. No lo podía creer. Estaba re acalambrada. Levantó la tapa y había un flaco con gorra que la miraba descolocado.
-Alguien que me explique qué está pasando o voy a llamar a defensa al consumidor! Se los aviso.- Lo amenazó. Y mientras le gritaba se dio cuenta que no estaba en el solarium, estaba como en una especie de sótano… se murió del miedo.
El pibe llamó a otro que también tenía gorra y cuando lo miró tenía un arma en la mano.
-Callate, atrevida. Si hablás sos boleta. Dale, tomátelas piba. Y olvidate de dónde estás o la vas a pasar mal!- Le dijo el flaco.
Corrió y corrió tan blanca del susto que el bronceado ni se le notaba, no sabía dónde estaba y no tenía ni plata para tomarse un taxi porque se había dejado la cartera en el solarium. Y a lo lejos por fin vio un lugar conocido, ahí estaba el Dot. ¡Gracias a Dios!
… Ahora, le podrían haber dejado la tarjeta, no? Porque justo hoy están las liquidaciones.
15 8 / 2011
El circo
Desde que Teodoro había nacido que las cosas le venían saliendo mal.
Su mamá había muerto al darlo a luz y su padre de la tristeza unos meses después.
El tío que se ofreció a cuidarlo perdió toda su suerte en las apuestas y con la suerte, perdió también su casa y casi todas sus pertenencias.
Quedaron en la calle.
Un adinerado del pueblo, conmovido por el caso, les puso un puesto de panchos frente a la plaza a cambio del cincuenta porciento de las ganancias.
Panchos Estrella fue su nueva casa, bajaban las cortinas y también unas literas en las que dormían calentándose a duras penas con la única hornalla que había en el puesto.
Teodoro tuvo que ponerse a trabajar a la edad de ocho años, pintaba quesos en una fábrica de lácteos.
Los Mar del Plata de rojo, los Gruyere de amarillo, los Regianitos de negro.
Y así fueron pasando los años.
Un día, cuando Teodoro tenía doce ocurrió un evento que rompió la monotonía del pueblo.
Un circo levantó una gran carpa con rayas rojas y blancas en el medio de la plaza y la noticia alcanzó hasta al último habitante en cuestión de segundos.
Llegó un camión cargado de animales exóticos, elefantes, aves, serpientes, tigres de bengala.
Atrás llegó otro cargado con vestuario de lo más extravagante, lentejuelas, satin, seda, colores estridentes.
Y por último, llegó un camión lleno de actores de circo, payasos, contorsionistas, mujer barbuda, hombre bala y varios enanos.
Teodoro observaba todo desde el puesto de panchos, estaba entusiasmado.
Al día siguiente, el circo abrió sus puertas y la gente hizo una gran cola para entrar a la primera función.
El tío mandó a Teodoro a ofrecer panchos a la multitud y vendió muchos, juntando bastante dinero.
Cuando la cola había avanzado y ya quedaban pocos por entrar, Teodoro no pudo contener su curiosidad y usó una parte del dinero de los panchos para pagarse una entrada al circo.
Se sentó en la primera fila, en uno de los pocos espacios que quedaban libres. Se apagó la luz y empezó el show.
Teodoro miraba boquiabierto cada número. Primero los payasos, luego un mago, después el domador de leones.
De pronto, su corazón se detuvo por un segundo y empezó a palpitar a toda máquina.
Se había enamorado a primera vista.
Sus ojos seguían sin control los movimientos de Jazmín, la equilibrista. Miraban su traje con lentejuelas rosadas, su pelo rubio, su manera de caminar por la cuerda floja.
Y la sonrisa acompañó la cara de Teodoro durante toda la noche levantando sospechas en su tío que pensó que estaba tramando algo raro.
Al otro día durante las nueve horas que duraba su trabajo, Teodoro siguió sintiendo esa sensación en el pecho, mezcla de ansiedad con felicidad, y queso tras queso no dejó de pensar en su equilibrista.
A la vuelta de la fábrica decidió pasar cerca de los remolques del circo para verla.
Y ahí estaba Jasmín, jugando a las cartas con el hombre bala y un domador.
Se quedó hipnotizado por su sonrisa, por cada movimiento que ella hacía, era como si el momento transcurriera en cámara lenta para hacerlo enamorarse de cada ínfimo detalle.
De pronto, la mujer barbuda lo sacó de su ensueño.
-¿Necesitás algo nene?-
Teodoro, sobresaltado, le dijo que quería saber cuándo iba a haber otra función.
-Mañana-
Al día siguiente, Teodoro se levantó más temprano que de costumbre.
Buscó en cada bolsillo de sus pantalones y encontró varias monedas. Las guardó.
Ni bien llegó a su trabajo fue directo al despacho de su jefe para pedirle un adelanto, le prometió hacer horas extras y pintar los quesos a toda velocidad.
El jefe accedió y le adelantó un poco de dinero.
Era todo lo que podía juntar.
Teodoro fue a uno de los puestos de flores del centro y compró todas las flores de jazmín que tenían.
Era un ramo tan grande que sus brazos casi no llegaban a rodearlo.
Teodoro fue a la función de esa noche con el ramo y se volvió a sentar en la primera fila.
Cuando apareció Jazmín su corazón volvió a palpitar como cada vez que la veía. No escuchaba los aplausos ni el murmullo de la gente. Era un silencio profundo, un momento que sólo compartían ellos dos.
Cuando terminó la función Teodoro juntó coraje y fue hacia los remolques.
Saludó a los enanos haciéndose el distraído y llegó hasta el remolque de Jazmín. Ahí estaba. Deshaciendo su rodete frente al espejo.
El corazón de Teodoro estaba a punto de dejar su pecho y salir a buscarla.
Golpeó tímidamente la chapa del remolque y Jazmín lo miró.
-Hola. Vengo a traerte estas… flores-
Teodoro le entregó el ramo, totalmente sonrojado.
Jazmín miró las flores con desprecio, luego miró a Teodoro, luego las flores.
-Ah. No me gustan los jazmines. Yo preferiría haberme llamado Rosa-
Jazmín apoyó las flores en su cómoda y siguió peinándose como si nada hubiera pasado.
Teodoro dio un paso hacia atrás, después otro, y otro.
Se fue corriendo hacia el puesto y con cada trote se le escapaba una lágrima.
Le acababan de romper el corazón.
Al otro día Teodoro tuvo que ir antes de lo usual a la fábrica para empezar a con todos los quesos de más que había prometido pintar el día anterior.
Con cada pincelada que daba se le venía a la mente la escena de ayer, no podía dejar de pensar en el asunto.
Tomó una decisión, no iba a darse por vencido. Lo iba a intentar.
A la salida pasó por los remolques, pero no para buscar a Jazmín, esta vez tenía un plan.
Ahí estaban los enanos, un faquir y el dueño del circo tomando unas cañas.
Teodoro notó que todos estaban pasados de cañas y eso le vino bien.
Saludó al dueño del circo y le dijo que quería hablar con él, le explicó que él era hijo de una reconocida familia de trapecistas premiada en varias ciudades, que había vivido toda su infancia en circos y hasta le dio nombres inventados.
El dueño creyó todo con la ayuda del efecto del alcohol.
Teodoro le pidió que lo deje hacer un número esa noche. Por supuesto sin cobrarle nada, sólo para que vea sus habilidades y se fije si lo quería contratar.
El dueño aceptó sin problema, no tenía nada que perder.
Teodoro había encontrado la mejor manera para impresionar a Jazmín.
Llegó la noche y esta vez Teodoro miró la función desde atrás de las bambalinas junto con los demás actores del circo.
Se sentía cada vez más cerca de Jazmín, aunque ella no le dirigiera ni una mirada.
Por fin llegó su turno y el presentador le dio paso.
-Con ustedes… ¡Teodoro! Contanos, qué vas a hacer esta noche?-
-Ehhh… un salto mortal!-
La gente hizo una exclamación unánime -Uhhh-
Y Teodoro arrancó con su número confiado de que cuando lo terminara Jazmín se enamoraría de él y su vida sería un poquito más feliz.
Subió uno a uno los escalones del mastil hasta que llegó a lo alto, la tarima de salto estaba a quince metros del suelo.
Teodoro levantó los brazos y con toda la valentía que tenía se lanzó al vacío.
Cuando iba cayendo vio que Jamín lo estaba mirando y le sonrió.
Luego cerró los ojos.
Fue un gran salto mortal.
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15 8 / 2011
breve biografía del pollo
Pollo (2008-2008)
El pollo nació en la granja Tres Cruces, en Gran Buenos Aires, en el mes de marzo de 2008.
Residió en el mismo corral que habían habitado su padre y el padre de su padre. Nunca fue identificado con un nombre ni supo lo que era la libertad.
No conocío la luz del sol.
Su principal actividad era alimentarse. Lo hacía cada dos horas, ya que no había forma de diferenciar de qué momento del día se trataba.
El pollo no tenía posesiones propias, ni siquiera el recipiente para su comida era suyo. Tampoco tenía un lugar determinado dentro del corral, lo iban moviendo a medida que sus compañeros iban desapareciendo.
Vivió atado para que no tuviera que mover sus extremidades y así evitar riesgos de magulladuras en su carne.
No se destacó en nada, no cantó, no caminó, no durmió. Sólo comió.
Un día, el mismo hombre que lo alimentaba cada dos horas lo sacó del corral, a él y a tres compañeros más.
La luz del sol los encegueció a los cuatro, era un brillo fuerte, desconocido.
Los llevaron a un cuarto y los introdujeron en una máquina metálica.
El pollo murió por asfixia a los cuatro meses de vida en la misma granja que nació.
Epílogo (según el pollo mismo)
Estoy en la parte más fría del lugar.
Tengo un poco de hielo sobre el nylon que me recubre y sobre una etiqueta que dice que peso 2kgs y que cuesto $22,15.
Cada noche el frío pasa y se me derrite el hielo. Lo apagan unas personas que tienen los ojos distintos a las personas que me miran el precio y me vuelven a dejar. Los tienen como tirantes…
Por la mañana vuelve el frío y otra vez me congelo.
A los de al lado mío también les pasa lo mismo.
Vi pasar tantos personajes…
Primero vinieron unos pollos como yo, pero mucho más grandes y sin piel. Después partes de pollos, muchas piernas, algunas alas.
Después se fueron y llegaron unas costillas de quién sabe qué animal. Eran costillas gigantes y no tenían cabeza.
No sé de qué granja vienen todos ellos, les hablé y ninguno me contestó. Deben estar deprimidos.
Hay mucho ruido en este lugar. Las personas son ruidosas.
Hay personas largas, personas más cortas… hay personitas chiquitas que gritan y señalan para mi lado.
También gritan los que apagan la heladera… esos sí que gritan… y yo les grito, pero tampoco me escuchan.
¿Se habrán quedado sordos con tanto ruido?
Les quiero avisar que hace tres días que abajo del nylon tengo una pata acalambrada y no doy más.
Pollo a la sal
Ingredientes:
1 pollo fresco
1 paquete de sal
2 limones exprimidos
2 cdas de mostaza
orégano, sal y pimienta a gusto
Preparación:
Ella me desenvolvió y me puso debajo del chorro de una canilla para lavarme.
Después llenó una bandeja con sal gruesa, mucha sal gruesa que no dejaba de caer. Vació todo el paquete.
Me colocó sobre la sal, acomodándome para que quede ubicado exactamente en el centro de la bandeja.
Ella sacó mostaza de la heladera, la puso en un bowl. Después le agregó orégano y el jugo de dos limones. Mezcló todo y me lo tiró encima.
Me bañó en ese preparado y me roció pimienta.
Prendió el horno. Y mientras sostenía la perilla para que no se apague sonó el teléfono. Ella no atendió y el contestador tomó la llamada.
Se escuchó una voz de hombre decía que se quedaba hasta tarde en la oficina, que no lo espere despierta.
Ella soltó la perilla, el horno no llegó a prenderse y ella lo abandono dejándole la puerta abierta.
Se sentó en el suelo durante 10 minutos y luego se acosto abrúptamente cerrando los ojos.
Yo me quedé en la fuente esperando a ver qué pasaba.
Qué olor a gas!
14 7 / 2011
la agencia del horror 1
Hoy pensé el comercial que me va a hacer ganar en Cannes.
Se lo voy a contar al DGC con un acting tan bueno que lo va a hacer levantar el teléfono para llamar a una productora en ese mismo momento.
Ahí está, con su remera trendy y su corte flogger.
-Leo, te quiero contar una ideíta que tengo para el comercial de Arnet-
-Ah. Dale pasá a mi ofi… cómo era tu nombre?-
-Matías-
-Cierto. Es que la agencia está creciendo con mucho power, viste… Pasá, sentate-
Mientras me siento en una de las sillas de acrílico de su oficina le suena el iphone.
-Uh. Bancame un seg. Ya estoy con vos-
Me pongo a mirar la pila de premios que tiene sobre un estante.
Los tiene todos iluminaditos… para estos tipos los premios son como su pija.
-Nah, a ver, osea, yo me imagino algo tipo la campaña de Nike, sí, algo bien 360, muy shocking. Eso sí, no hay un mango eh…-
En una de las paredes de la “ofi” hay un súper placard, preparado para guardar sus abrigos metrosexuales de Bolivia o de Bensimon.
Me pongo a chusmear a ver qué trajo hoy, pero me flashea algo terrible: una mano!
Miro a Leo y veo que me mira fijo. Me hago el boludo y miro para el techo.
-Y sí, que sigan pensando, es así esto. Si quieren finde que se vayan a laburar a un banco-
Mientras habla, camina y se apoya contra una ventanita que da al pasillo, se queda mirando para afuera relojeando la pollera de una minita de cuentas que acaba de entrar vestida como la de Sex and the city.
- Pónganse la camiseta. Qué quieren hacer de su vida? Quieren un león o no?-
Agarro y me apoyo en el respaldo, voy bien atrás para ver mejor.
La mano está quieta y tiene unos moretones grandes, redondos. Miro más atrás, está medio oscuro pero llego a ver unas rastas.
¡Pará! Esas son las rastas del trainee fumeta, el que se fue ayer…
Estoy muy cagado.
Ahí adentro está el fumeta inconciente o algo así.
¿Qué carajo está haciendo este hijo de puta?
-Bueno loco, no sé, a mí lo que me contás no me gusta. Pónganse a laburar, esto es un pitch. El sábado los quiero acá.-
Corta el llamado, me mira y cierra la persiana americana que cubre la ventanita.
-Sorry Mati. Hay cada grasa que no quiere laburar… Espero que vos no termines así-
-No, nada que ver- le digo riéndome nervioso.
-Sí, porque esta profesión es así, viste. Hay que explotar tu creatividad cuando sos pedejo, porque después fuiste, un viejo no sirve para nada.-
-Claro- Le digo.
Agarra uno de los premios del estante, un león de oro, lo apoya sobre el escritorio y le empieza a acariciar la melena de metal suavemente con el dedo índice.
-A mi la verdad que no me gusta la gente grande acá adentro. Por eso hay tantos trainees que se van. No da que se hagan grandes y sigan acá…-
Miro la repisa y me quedo viendo el Clío que está al lado del león que acaba de sacar, está como abollado, roto. Le falta el mundito que sostiene el muñeco.
¡No! ¡La concha de la lora! ¡Los moretones del rasta!
-Bueno, a ver, contame la ideíta.- Me dice.
-Eh…- Me quiero matar.
-La idea es…- me autoconvenzo, junto un poco de valor y le escupo la idea en diez segundos sin acting ni nada.
-...en una oficina, vemos diferentes empleados en situaciones graciosas. Todos están cubiertos por una red, como la de los pescadores. Vemos uno que intenta tomar café a través de la red y se mancha toda la camisa. Vemos una mujer que intenta pasar su brazo a través de la red para atender el teléfono. Vemos otro empleado que está cobrando a un cliente, el dinero no pasa a través de la red y le pide que le pague en monedas…
Cierra una placa que dice: Se te cae la red, se te cae la empresa… Mejor elegí Arnet bla bla bla…-
Me mira descolocado. Agarra el león con tanta fuerza que los dedos se le ponen colorados. Tengo miedo.
-Mirá pibe… Eso ya está hecho-
CONTINUARÁ
13 7 / 2011
la agencia del horror 2
Llego a la agencia tarde como siempre. Voy directo a agarrarme una factura y a la máquina de café.
Ahí está Feli relojeando culos desde temprano. Se está haciendo el crítico experto en series con una rubia que es un camión. Le pregunta si miró Lost y la mina le dice que no sabe qué es. Debe ser una hueca total o una extraterrestre. ¿Quién no sabe qué es Lost?
Lo saludo con la mano y llamo al ascensor. Tarda tanto que para cuando viene ya me morfé la medialuna y me terminé casi todo el café. Entro y el boludo de Feli me grita “esperá!”. Le trabo la puerta con el pie. Sube con la minita, me mira, yo la miro. Está que se parte.
Me dice –Vos debés ser Mati, no?-
-Sí…- Le digo.
-Yo soy Lu, voy a ser tu dupla.-
A la mierda.
Subimos y Lu se sienta al lado mío. Todos los trainees caen a presentarse, a ofrecerle facturas, mate, cualquier cosa con tal de hablarle. La mina no le da cabida a ninguno, excepto al rasta. El flaco la invita a dar una vuelta manzana para fumarse un faso y ella acepta de una.Yo me quedo en la compu y me meto en adlatina a ver qué comerciales nuevos estrenaron.Viene Tomate y se me para al lado.
-Viste lo que es la dupla que te trajo Leo?- Me dice cagándose de risa.
-Sí…-
-Va conmigo a la escuelita, es re capa en web. Parece que ya fue trainee en Mother de Londres y que diseñó unos sites que la rompen-
-Groso- Le digo para sacármelo de encima. No estoy seguro si me gusta o no tener a esta mina de dupla. Me cabe, está buena, pero donde se come… bueno, lo de comer siendo trainee es una manera de decir.
Se abre el ascensor y vuelve Lu todavía más linda que antes, fue como si el paseo fumón le hubiera levantado uno o dos puntos. Tiene las tetas más paradas, el jean más apretado… estoy que me prendo fuego. Le hago una sonrisita, pero veo que se mete a la oficina de Leo y cierra la puerta. Pasan diez minutos, la puerta se abre y viene ella caminando directo hacia mí. Atrás viene Leo.
-Pibe, vos vas a ser la dupla de Lu, no?- Me dice Leo con una remera tan fluo que me deja ciego.
-Sí… eso me dijeron.-
-Bueno flaco, ponete las pilas, hacé todo lo que ella te diga. Mirá que no es cualquier trainee, tiene un master en Londres, estuvo en Mother… no es joda. Es una de mis apuestas a la creatividad en esta agencia.-
-Ok.-
Lu me mira con una sonrisa sobradora, agarra un brief y me dice que vayamos a pensar.
Nos sentamos en una de las salitas. Ella se acuesta boca abajo en un puff mostrándome el culo.
-Bueno, tenemos que pensar un comercial para Chandon. Lo que hay que decir es que con éste champagne seguro vas a tener una noche increíble.- Me dice haciéndose la capa.
-A ver… y… hagamos una mina que coje con la botella de champagne… va a ser una noche increíble seguro.- Le digo cagándome de risa.
-No me vengas con pendejadas. Yo tengo un master.- Me caga a pedos.
-Bueno, nena, pará un poco, no me faltes el respeto.-
Se para y se me acerca, me abraza como arrepentida. Tiene un perfume con olor a jazmines que me encanta. Me dejo abrazar.
Qué lindo, al final no era tan mala… De pronto, me sobresalta un tirón de pelo.
-Ouch! Me tiraste el pelo!- Le digo.
-Yo? Nada que ver- Me dice haciéndose la boluda.
Le miro la mano, tiene varios pelos míos.
-Voy al baño- Me dice.
Veo que se va para el escritorio y mete los pelos en la cartera. ¿Qué onda?
Vuelve y se tira en el puff. Veo que viene el de RRHH hacia nuestra sala. El tipo tiene la misma facha que el muppet de pelos colorados, usa trajes espantosos y tiene la camiseta de la agencia puesta hasta el culo.
-Hola Lu, cómo estás?- Le dice con una sonrisa. A mí me ignora.
-Bien, Georgi, y vos?-
-Bien, todo bien. Venís conmigo? Vamos a firmar lo de tu aumento.-
-Dale. Seguí pensando Mati, vengo en un rato.- Me dice y se va con el tipo.
Es una hija de puta. ¿A quién se está moviendo?
Pasa el día y la mina no vuelve. Me quedo pensando alguna punta para lo de Chandon… pero no se me ocurre nada. Me sostengo la cabeza con la mano y miro la ventana buscando un poco de inspiración. En el edificio de enfrente se ve el gordo en bolas de siempre…
De pronto me miro la mano, un mechón entero de pelos se me quedó enredado entre los dedos. ¡La puta! Me voy para el baño a mirarme en el espejo. ¡Tengo un círculo pelado en la cabeza! ¿Qué carajo me pasa?
Vuelvo a mi escritorio re preocupado, agarro y llamo a mi vieja a ver si me pasa el número de su dermatólogo. Yo no tengo obra social… le voy a tener que gatillar la consulta. ¡Qué dolor de huevos! Mientras suena el tel de mi vieja veo que pasa el rasta con una bolsa llena de golosinas, a esta hora el bajón le agarra con todo. Mientras el chabón pasa se le cae algo de la cabeza.
-Che! Rasta!- Lo llamo pero no me da pelota, va con el ipod.
Dejo el tel y me acerco a ver qué salió de la cabeza de este tipo… ¡Una rasta!
Mientras estoy sacando conclusiones sobre qué tipo de peste podemos llegar a tener el rasta y yo, cae Lu de vuelta. Le miro la mano y veo que sostiene una bola de pelos colorados, los mete en la cartera y se sienta como si nada.
-¿Qué metiste ahí?- Le digo re caliente.
-¿Eh? ¿Qué te pasa pendejo?- Me contesta para el orto.
Vuelvo a sentir el perfume de flores increíble y de golpe como que me tranquilizo.
-Nada. Dejá.-
-Ah. Ok. Mejor. Che me ponés música? No sé cómo funciona esta computadora.-
La miro extrañado. ¿No sabe cómo funciona la computadora? ¿No era la web designer más grosa de todas?
En eso cae la coordinadora, tiene puesta una flor de esas que usan todas las minitas en el pelo, mientras se acerca veo que la flor está tapando un círculo sin pelo, igual que el mío. Se para al lado de Lu.
-Lu, te bloqueo la agenda desde mañana por lo del viaje a Brasil.-
-Ah, buenísimo Kari. Ahora bajo y lo charlamos.-
¡¿Qué?!
-Mati, quedate pensando que no llegamos.- Me dice Lu y se va como si nada.
¡Ah no! Cómo me están cagando… Mientras la miro irse contoneando el culo me quedo maquinando. No puede pasar lo que está pasando.
Miro para todos lados, nadie me ve. Agarro y le reviso la cartera. Quiero ver qué mierda oculta ésta chabona. Abro el bolso y sale olor a jazmines, como el de ella pero más fuerte.
Veo que tiene una cajita de madera re antigua. La saco y la abro con fuerza, la tapa es durísima.
¡A la mierda! Está llena de pelos de todos los colores, morochos, castaños, colorados, rubios… Están todos como entretejidos, formando una especie de nido. También hay pedacitos chiquitos de tela de todos colores, algunos son flúo. Esto no me gusta un carajo.
Le saco la caja de la cartera y la guardo en el cajón. Vuelvo a marcar el número de mi vieja y veo que aparece Lu, tiene el pelo diferente, súper rubio… casi blanco. Me mira con odio. Está descolocadísima.
-Fuiste vos.- Me dice con una voz de vieja chota terrible.
-¿Qué?-
-Dame mi caja!-
-Yo no… yo no tengo nada que ver, no sé de qué hablás…- Me hago el pelotudo.
-Estás muerto!- Me dice susurrando bien bajito.
Se para y se va de vuelta. Mientras camina veo que tiene el culo más caído…
La mina sabe lo de la caja. Me tengo que deshacer de ella rápido. Agarro, abro la ventana y la tiro disimuladamente. Mientras la veo caer, veo que el gordo de enfrente me está mirando. Me hago el boludo y cierro la ventana.
Me siento en mi escritorio y vuelve a aparecer Lu, está más gorda, mucho más gorda. Y la cara parece de una persona más grande.
Se acerca y me asusta. No tiene más el olor a jazmines que tenía antes. Se me tira encima de golpe y me arranca un manojo de pelos.
-¡Pará! ¡Loca!- Le grito empujándola.
En eso aparece Leo, le falta la mitad de su corte flogger, él también se está quedando pelado!
Se para delante de la mina y le habla con cara seria.
-Luciana. Estás despedida. Sos una grasa, andate. ¡Bye!-
A Lu se le transforma la cara, avejentándose todavía más. Empieza a temblar de la bronca y se le trepa encima a Leo, queriendo arrancarle lo poco que le queda del corte cool.
-¡Seguridad!- Grita Leo con voz de nene de mamá.
Caen los dos ratis de abajo, la agarran a Lu, uno de cada brazo y se la llevan mientras pega gritos que parecen los de un animal.
Por suerte ya son las siete… ahora tengo que ver de dónde mierda saco los $12 en monedas que necesito para volver a Longchamps.
CONTINUARÁ
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12 7 / 2011
la agencia del horror 3
Son las 12 de la noche en la agencia y los pibes siguen con la fiesta a full, agarran unas Quilmes que están arriba del escritorio de Leo desde hace mil, son de cuando teníamos la cuenta… Las abren y se las toman.
Mientras están chupando, el rasta da un mordisco de su sandwich y pone una cara de drama tremenda. Se para a los pedos y agarra un tacho de basura, se agacha y se pone a vomitar como loco. Los pibes le agarran las rastas para que no se las vomite y ponen hojas A4 en el piso para que no se manche. Qué asco este pibe…
De pronto como que se atraganta, empieza a toser y se pone colorado a full. Nos entramos a cagar de risa. El color del chabón se va oscureciendo hasta llegar al morado.
Lo agarro y le empiezo a golpear la espalda como en las películas a ver si larga lo que lo está ahogando. Pega una tos sarpada y escupe un pedazo de carne que vuela como a un metro de distancia. Todos nos quedamos mirándolo. Me acerco a juntar eso… y… ¡Qué asco! Es una… ¿oreja? Tomate y Feli lo miran y corren al baño a vomitar ellos también. Estamos en el horno.
En eso aparecen los de seguridad. Nos cagan a pedos y nos dicen que nos vayamos a casa. Yo les digo que no nos saquen, que el rasta escupió una oreja… que acá pasa algo raro, loco…
-Seee, claro. Pibe te vimos tomando cerveza vencida. Te pegó el alcohol.- Me dice el más gordo de los dos sin creerme nada.
-Agarren las cosas y rajen o llamo a la cana-
Al otro día entro y me llama el botón de recursos inhumanos. Voy a la oficina del colorado y están todos los pibes sentados con cara de desgracia.
-Chicos, se mandaron una grosa. ¿Lo saben no?- Dice el colorado con voz de Muppet sermoneando.
Yo agarro y salto en defensa de los pibes.
-Mirá Georgi, no sabemos de dónde salió la oreja esa…- Le digo.
-¿Qué oreja?-
El colorado no tiene idea… Todos nos miramos.
-Mirá pibe, la cagada que se mandaron ustedes fue pedir comida antes de las 23hs.Ya conocen las nuevas normas de Mathew...- Nos dice con tono ofendido.
-Pero… nosotros no pedimos comida, nos la ofreció Julito… apareció con un carro lleno de milangas.- Dice Feli.
-Claro. Julito apareció a las 9 de la noche solo, con un carro lleno de milanesas para ustedes… Eso fue antes o después de las Quilmes vencidas?- Nos delira cagándose de risa.
-¡Después!- Le dice Tomate que no entiende una.
-Bueno, prepárense para firmar un apercibimiento.-
Nos la tuvimos que morfar. Firmé la hoja, y me dijo -Una mancha negra en tu currículum-. ¡La mancha más negra de todas sos vos, sorete!
********
¿A las 6 de la tarde recién se dan cuenta que de que el rojo no les gusta?
“Por qué no hacemos algo más limpio? Tipo Mac… algo bien minimalista” ¡Pero chupame las pelotas! Cagamos. Clavada, otra noche más en este agujero.
Se hacen las 8.30 y ya no está ni magoya en la agencia, nomás quedamos los de siempre: Tomate, Feli, el rasta, Charly, su aliento de mierda y yo. Y en vez de ponerse a pensar otra idea porque estamos en el horno, los pelotudos se quieren prender un porro.
-Locos, se va a pudrir todo eh… acuérdense de ayer que subió el rati. Bajen un cambio.- Les digo haciéndome el rescatado.
-Me la soban. Si me clavan, yo me fumo todo.- Me dice el rasta con cara de nada.
Prenden el churro, le dan media seca cada uno y ya están de la gorra.
Me lo pasan y le doy un par de secas también. Si no puedes vencerlos…
Ponen música pedorra y empiezan a gritar “la noche de los trainees” como mogólicos. ¿Qué noche? ¡Una noche de mierda!
Se hacen las 10 y empieza a pintar el bajón, pero no podemos pedir morfi ni en pedo, porque el colorado nos pone otra sanción. Los pibes se ponen a buscar galletitas en los cajones de los escritorios de los demás. Los ratis deben estar mirando porno y pajeándose porque ni se dan cuenta del quilombo…
Al rasta se le ocurre una buena, ir a saquear la cocina de Julito.
Bajamos a oscuras por las escaleras re sigilosos. De los de seguridad ni noticias.
Llegamos a la puerta de la cocina, Tomate la empuja pero está re cerrada.
El rasta agarra un tenedor que hay al lado de los microondas y empieza a meterlo en la cerradura. El flaco se nota que la sabe. Debe haber choreado más de un auto…
Logra abrir la puerta y nos mandamos todos.
Está re oscuro y no queremos prender la luz para no llamar la atención. Tomate abre el freezer y de pronto pega un grito extraño.
-Shhhhh!- Le chisto re caliente.
Los demás también gritan, uno a uno, Feli, el rasta, Charly…
Me acerco y se corren con caras de terror dejándome ver el interior del freezer. Estoy a punto de vomitar. ¡El freezer está lleno de cuerpos cortados en pedazos!
Hay cabezas, pies y hasta manos con las falanges partidas, como arrancadas.
De pronto, un ruido que llega desde uno de los rincones de la cocina nos hace darnos vuelta.
Es la voz de Julito desde la penumbra -¿Les gustó mi freezer?¡Bebeeeees!-
CONTINUARÁ
11 7 / 2011
la agencia del horror 4
Ahora los recortes también llegaron a la calefacción.
Desde el 15 de agosto no se pueden prender las estufas aunque esté lloviendo y frío como la mierda.
Tomate y el rasta se abrazan para darse calor como maracas.
Mañana me traigo el pulóver de lana que me tejió mi vieja cuando me fui de mochilero al sur.
Julito viene con el carro del café y todos hacemos cola para tomar algo caliente.
El tipo me agarra de oreja como siempre.
-Vistes Mati- Me dice -La minita de cuentas que entró a reemplazar a Pato tiene un culo increíble. Pero me dijeron que no coje. El gordo Montero salió con ella el otro día y la mina nada… no garcha.-
-Uh que mierda, Julito.- Le contesto sin darle pelota.
-Sí una cagada, yo me la quería avanzar en la fiesta de fin de año. Quiero enganchar alguna bebé.-Para decir “bebé” pone una voz de pajero terrible.
-Ya estás grande…- Le digo intentando que termine la charla.
-Ésta está grande- Se caga de risa –Che, me comentaron los de sistemas que vos te la hacés chupar por travas los fines de semana. ¿Es verdad?-
-Te contaron cualquiera. Son unos forros, si ni me conocen…- ya estoy empezando a calentarme.
-No sé, eso me dijeron. Ellos siempre tienen la papa, eh.
-Es fruta Juli.-
-Ok. ¿Querés lechitaaaa?
Lo miro con cara de orto.
-Para el café, sonsito… -
El tipo no entiende una.
No sé si el frío me congeló el cerebro o qué, pero no se me cae media idea y
el escritorio se me empieza a llenar de briefs.
Le pido a Tomate que me de una mano porque la coordinadora me está reclamando unos avisos de radio tendría que tener listos y todavía ni pensé.
Nos vamos con Tomate a una salita, nos tiramos en los puffs y empezamos a pelotear a ver si se nos ocurre algo.
En una lo miro a Tomi y veo que cuando me habla le sale humito de la boca. El frío está sarpado!
-Tomi, tenemos que hacer algo, loco. No puede ser… -
-Sí. Traigamos un San Bernardo y nos sacamos fotos.-
-No boludo, enserio. Ok. Quedate acá cagándote de frío como un boludo.-
Me paro y me voy. Nah, este Tomate está en cualqui… Salgo de la sala y me voy a buscar los controles de los aires. Me la chupan si estamos en agosto. Yo voy a poner la calefacción.
Los controles los tienen los ratis de seguridad. Bajo y me hago el simpático. Me pongo a hablarles de Boca, de las eliminatorias y todas esas boludeces a ver si los distraigo. Los tipos se copan y se arma el debate futbolero.
En eso les digo que si no quieren hacerse unos mates que allá arriba nadie toma… El más gordo se copa y va a buscar agua. Ahí ficho los controles.
Me hago el salame, me acerco y agarro el que dice “3er piso” escrito con indeleble. Me meto el control en el bolsillo, me tomo dos mates de compromiso y me voy para arriba.
Llego al 3ro y prendo los aires. Los pongo en 30º y me guardo el control en el bolsillo como si nada hubiera pasado.
A penas empiezan a calentar entra a salir un olor sarpado desde los tubos de los aires. Unas minitas de cuentas que están en el piso salen corriendo al baño a vomitar. El olor se va haciendo más y más fuerte. No se puede respirar y empezamos a abrir las ventanas.
Vienen los de seguridad y como no encuentran los controles para apagar los aires, cortan la luz. Uno de ellos se sube a una escalerita y abre una de las rejillas para ver qué mierda es ese olor.
El tipo pega un grito seco y se cae de la escalera desmayado. El otro rati lo agarra y lo intenta reanimar. Se arma un quilombo terrible.
Otro flaco se ofrece a subir y de toque se pone pálido. Baja blanco como un fantasma al grito de “hay un muerto, hay un muerto”. Cagamos.
Al rato dan la luz y caen unos tipos con trajes y máscaras tipo Martin en Volver al Futuro. Los tipos se suben a los tubos de aire, uno de ellos hasta se mete adentro… pasa un rato y nada. Los tipos salen como si nada. Parece que no encontraron ningún cuerpo. Rarísimo.
Vienen los de limpieza y tiran baldes de desodorante de ambientes fragancia bebé… pero como todavía hay olor a muerto en el aire se arma una mezcla radioactiva. Bebé en putrefacción.
Me estoy cagando de risa solo de lo del bebé cuando de pronto cae Mathew, el australiano de finanzas. El tipo se para en el medio de la planta abierta y se pone a hablar a los gritos en su español recién aprendido.
-Alguien violó nuevas normas multinacional… Todos han firmado la convenio…- está re caliente.
A la mierda. Me palpo el bolsillo a ver si todavía sigo teniendo el control ahí escondido. Y sí. Ahí está. Me quedo tranquilo.
-Cuando encontre persona que robó control… va a haber un sanción importante-
Estoy en el horno.
Estoy boludeando en la compu pensando cómo arreglar el asunto y de repente empiezo a escuchar el ringtone de los Simpsons y siento que me vibra el bolsillo. A la mierda.
En el bolsillo que palpé antes… está mi celular!
Lo agarro y en la pantalla dice “número desconocido”.
Atiendo y me habla una voz grave, amenazadora: “You are next on the air tubes”. Y me cortan.
¿Qué mierda es esto?
Al final, la estación Long Champs a las 4 de la matina es cosa de boludos al lado de esta agencia.
CONTINUARÁ
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10 7 / 2011
La agencia del horror 5
Me olvidé la tarjeta y estuve esperando un rato a ver si veía pasar a alguien para pedirle que me abra la puerta, pero nada, no pasó absolutamente nadie. No sé qué onda.
Me voy y lo llamo al rati de seguridad para que me pase su tarjeta a ver si puedo entrar de una vez por todas que tengo las manos dormidas de acarrear estas cajas de alfajores desde Long Champs.
La verdad que es una paja volver, porque en tres semanas es como que te re desconectás. Te tomás una birrita al medio día, te fumás un fasito y te vas a la playa… a la noche hacés un Daytona con los pibes en los videos de ahí de la peatonal, después arrancás para un barcete, unos pools… y la minita que conocí, me quedé medio flasheado me parece, no sé, es así como tan divina que… ¡¿Dónde sorete están todos?! No me digan que hoy era un feriado o que el día de la publicidad lo pasaron para hoy porque les meto los conitos de dulce de leche por el culo.
Dejo los alfajores, mi mochila y camino por toda la planta abierta… nada. No está ni el loro.
Agarro y me voy para el segundo piso a ver qué onda, las minitas de cuentas tienen que estar… ¡Pero no hay nadie! A la mierda.
Bajo al primero y ahí me encuentro a Kari, la coordinadora, ¡por fin!
-Che, Kari, qué onda? Dónde están todos? Traje alfajores…- Le digo así como ansioso.
-¿Todos quiénes?- Me mira desentendida.
-Y… los pibes, qué se yo, alguien. No hay nadie en el tercero, quiero charlar con alguien, no sé…- Le digo.
-Mirá, la verdad no sé de qué me hablás, pero tomá- Me da un brief como de 10 páginas.
-Leete este brief y empezá ahora a pensar algo porque esto es para mañana, te estaban esperando. Ah! Y tengo cinco más también, cuando lo termines pasá por mi ofi- Me dice y se va mirando para otro lado como si nada.
Miro el brief y tiene escrito en rojo “Para Mati, cuando vuelva”. La puta madre.
Subo y me siento en mi escritorio con un embole terrible, ya son más de las once y no cayó ni magoya. Agarro y me abro un alfajor de los de nuez y pongo La vela puerca a full, total… nadie me va a decir que lo baje.
Al rato estoy podrido, no se me ocurre un sorete. Agarro, me quedo en patas y las apoyo arriba del escritorio, tengo un par de agujeros en la media pero qué me importa, si no me piensan blanquear la del feriado yo hago la mía y al sorete! Me prendo un pucho también.
En eso estoy dando una pitada re relajado y siento una mano que me toca el hombro.
Me doy vuelta todo cagado. Es Leo. Está todo bronceado maaaal y el corte flogger lo tiene como más crecido y el triple de rubio.
-Hola Mati, qué asco son tus medias, así no va, esta agencia es súper cool y minimalista, me la tirás abajo nene, no me tomes el pelo- Lo miro y bajo los pies del escritorio.
-Perdoná- Le digo bajito.
-No, osea, no te olvides que yo te puse acá, yo te puedo sacar también… no es joda esto- Me sigue cagando a pedos.
-¿Está claro? ¡¿Está claro?! ¡¡¡¿Está claro?!!!- Me lo grita tres veces re caliente.
-Sí, sí. Perdoná, me voy a comprar unas medias nuevas.- Le digo con voz de pobrecito a ver si la termina con el reto.
-No voy a discutir con vos. ¿Ya te dijeron que te estábamos esperando?- Me dice con su voz nasal.
-Ehhh, sí, me la crucé a Kari que me dio este brief…- Le muestro las diez hojas.
-Sí, bueno tenés ese y hay cinco más. Andá agarrándolos, osea, fijate… pero quiero algo bien conceptual. En Cannes me di cuenta de todo, el tema del recurso no va más, ahora la onda es que todo venga de un pensamiento, osea que te pongas bien en la piel del target…- Lo miro con cara de concentrado pero no entiendo un sorete de lo que me está diciendo.
-Ok.- Le digo haciéndome el serio.
-Bueno, joya.- Me dice.
-Leo, sabés dónde están los chicos?- Le digo.
-¿Los chicos? No tengo idea, sorry. ¿Me vas a comprar una Coca, porfa?- Me dice dándome un billete de 2 pesos. Qué mierda hago con 2 pesos, si la Coca ahora sale 4? Encima de que me trata de che pibe tengo que poner 2 pesos de mi bolsillo…
Llega la tarde y sigo solo, no suena el teléfono, no aparece nadie salvo Leo que me mira desde su oficina vidriada como vigilándome mientras habla por el iphone.
Me pudro y me voy para abajo a averiguar qué mierda está pasando… todo bien con que me caguen el feriado y me claven cinco briefs pero quiero saber cuándo se va a terminar este garrón.
Recorro todos los pisos otra vez y están totalmente vacíos. Lo raro es que están las cosas de todos, hay hasta algunas máquinas prendidas y carteras colgadas en los percheros. Llego a planta baja y el único que está es el rati de seguridad que sigue ahí como a la mañana. Me acerco y le pregunto qué onda.
-¿Cómo va?- Le digo.
-Todo bien y vos, pibe?- Me dice súper seco.
-Bien, todo bien… Che, te quería hacer una pregunta a ver si vos sabés qué onda que no hay nadie. Tenés idea qué pasó?- Le digo.
-No sé, no tengo idea, flaco. Yo estuve todo el tiempo acá, viste, estoy como ocupado mirando los monitores de las cámaras y todo eso…- Me dice haciéndose el boludo.
-Ah- Le digo sin creerle una mierda. –Bueno, joya, gracias, eh!-
Son las 10 de la noche y sigo con el brief este del sorete, ya me comí 10 alfajores y estoy por reventar de un ataque al hígado. Me chupa un huevo, yo me prendo otro pucho para digerir un toque.
En eso cae Leo de vuelta, la concha de la lora, no tiene vidaaa??? O qué??? Se me acerca con cara de enojado. Cagamos.
-Mirá nene, yo confié en vos, osea me jugué por vos y me cagás así con ese pucho? Sabés que no se puede fumar acá. Una agencia cool y minimalista no puede oler a cigarrillo, tiene que oler a cosas copadas, como a lima, a limón, a papaya… no sé.- Me habla medio como sacado y apago el pucho mientras tanto a ver si para con el speech.
-Uy, perdoná Leo, lo que pasa es que es tarde, recién vuelvo de las vacas y estoy un poco cansado, me parece que me voy a ir para casa y mañana vengo antes a ver si termino de cerrar las ideas- Le digo así como empezando a apagar la máquina.
-No.- Me dice re serio mirándome con odio.
-No?- Lo miro.
-De acá no te vas. Nadie más se va de acá. No voy a dejar que me sigan cagando- Me dice gritando como un loco.
-¿Querés un conito?- Le digo a ver si corta un poco con la mala onda.